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El arte antiguo de modelar el barro, que luego se hornea hasta que se hace pétreo e invulnerable al agua, es el ámbito creativo en el que trabaja Ginesa Albaladejo. Los nuevos materiales han relegado la terracota a un uso marginal en la utilería doméstica, aunque el eco del cántaro y el agua arrullan nuestro bienestar en el subconsciente colectivo. No podemos olvidar que la arcilla es la materia natural primogénita, la reina de la creación desde la noche de los tiempos.

En las artes plásticas el valor añadido de una obra (obviando la antigüedad, la materia o la firma) viene dado por la emoción personal que evoca el objeto en cada espectador. Ginesa Albaladejo ha bebido abundantemente – quizás inconscientemente – el agua de la fuente de sus ancestros y de sus paisajes mediterráneos. En sus esculturas encontramos olas suaves, texturas amables, belleza poética que nos hablan de lo femenino, de la maternidad, de lo sensible, de lo humano…, de la divinidad épica de las mujeres de todos los tiempos y lugares.

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